
PRÓXIMAS SESIONES
jueves, 9 de julio de 2009
domingo, 5 de julio de 2009
Berlín, 1945
Las puertas del bunker estallaron. Un soldado ataviado con un extraño y moderno uniforme entró entre los ardientes escombros. Tenía la cara cubierta por una máscara que hacía las veces de máscara antigás y visor nocturno. Los ojos rojos brillantes escrutaban el lugar.
Se quedó a un metro de la puerta y contempló la oscura estancia. Tranquilo, comenzó a silbar una vieja canción de su infancia. Comenzó a andar en dirección a su objetivo. Paso a paso. Tranquilo, pero decidido. Los años de caza le habían dado la experiencia y la sangre fría. El odio había propulsado su búsqueda. Estaba a punto de finalizar.
Casi podía oler a su presa. El oficial nazi corría inútilmente entre sollozos de miedo y agotamiento.
"Te has quedado sin tu poder, hijo de puta. Eres mío", pensó el cazador.
La presa corría, pero no tenía a dónde ir. El cazador oyó como cerraba una puerta. Oía gritos en alemán. Dos voces. "Vaya, así que has encontrado a un amiguito... me voy a llevar dos por el precio de uno".
Tranquilamente se acercó, con paso pesado. Quería que le oyeran llegar. Quería que se mearan encima de miedo. Tumbó la puerta y uno de los dos nazis le recibió con una ráfaga de disparos de 9 mm. Todas las balas fueron amortiguadas por la armadura de combate de cazador.
El agresor se dio cuenta de que se le habían acabado las balas en su hermosa pistola, bañada en oro. Empezó a temblar. Su presa, la que buscaba desde hace años se ocultaba inutilmente tras él. Morirían los dos...
El cazador quedó inmóvil en el quicio de la puerta para que sus presas asimilaran que su ataque había sido inútil. Lentamente, apuntó con el cañón de su lanzallamas a la pareja. Uno de ellos, era sin duda, un magnífico trofeo político. El cazador lo miraba incrédulo. ¿Realmente era él? Ese flequillo, ahora despeinado... el bigote, ese ridículo y minúsculo bigote. Se fijó en los galones: la máxima autoridad del ejército de Alemania. Cuando dejó caer su arma al suelo, vio que la empuñadura de marfil tenía grabadas las iniciales: A.H. Sí, sin duda era él.
Pero la presa que el cazador buscaba desde hace años era el otro hombre. Inspiró lentamente para hablar con él...
-Hola, Edward. Por fin te encuentro...
La presa gimoteó y lloriqueó, refugiándose en una esquina. Imploró clemencia inutilmente.
-Después de tanto tiempo... te volviste esquivo, pero tu vileza era la misma: te uniste a los nazis, declarando la guerra a tu propia nación. Intentaste dominar el mundo como lo intentaste en el 29. Pero te he encontrado. Y ahora vas a pagar por lo que hiciste hace tanto tiempo. Vas a pagar por Ian, por Richard, por Nikolai, por Vincent... por todos a los que has matado.
La presa se acurrucó aún más esperando a que su pesadilla se acabara.
-Eres un maldito cobarde. Pero debo agradecerte este premio extra.- señaló al otro oficial.- Gracias por traerme ante él. Esto nos ahorrará un montón de trámites y juicios.
El hombre del bigote comprendió que su destino era inevitable y un semblante de terror se paralizó en su rostro.
El cazador cogió la pistola que había en el suelo.
-Me quedo esto como prueba. Y ahora señores, es hora de despedirse.
Apretó el gatillo e inundó la estancia de llamas, deleitándose con el sonido del fuego y los gritos enloquecidos.
Cuando el cazador llegó a el campamento base fue recibido por el oficial en jefe con un silencio tranquilo y bajo la mirada de los demás soldados americanos. De fondo se oían los disparos de una batalla a punto de terminar.
-¿Y bién? -preguntó con semblante grave el comandante.
-Bien. Todo ha ido bien.
-¿Ha disfrutado saciando su vendeta personal, Coupland?
El cazador se quitó su máscara y reveló una cara quemada con un cabello y pelo que crecían de manera irregular.
-No les he hecho perder el tiempo, Albertson. De paso les he traído un regalo.
El cazador lanzó el trofeo a su comandante que lo admiró asombrado: una pistola de oro, con empuñadura de marfil... pero lo que más le asombró eran las iniciales...
-Dios... mío... Coupland, es de... ¿Hitler?
-Digan que se suicidó para evitar que lo cogieran los rusos.
Y el cazador se marchó. Lejos del fragor de la batalla. Todo había terminado.
Se quedó a un metro de la puerta y contempló la oscura estancia. Tranquilo, comenzó a silbar una vieja canción de su infancia. Comenzó a andar en dirección a su objetivo. Paso a paso. Tranquilo, pero decidido. Los años de caza le habían dado la experiencia y la sangre fría. El odio había propulsado su búsqueda. Estaba a punto de finalizar.
Casi podía oler a su presa. El oficial nazi corría inútilmente entre sollozos de miedo y agotamiento.
"Te has quedado sin tu poder, hijo de puta. Eres mío", pensó el cazador.
La presa corría, pero no tenía a dónde ir. El cazador oyó como cerraba una puerta. Oía gritos en alemán. Dos voces. "Vaya, así que has encontrado a un amiguito... me voy a llevar dos por el precio de uno".
Tranquilamente se acercó, con paso pesado. Quería que le oyeran llegar. Quería que se mearan encima de miedo. Tumbó la puerta y uno de los dos nazis le recibió con una ráfaga de disparos de 9 mm. Todas las balas fueron amortiguadas por la armadura de combate de cazador.
El agresor se dio cuenta de que se le habían acabado las balas en su hermosa pistola, bañada en oro. Empezó a temblar. Su presa, la que buscaba desde hace años se ocultaba inutilmente tras él. Morirían los dos...
El cazador quedó inmóvil en el quicio de la puerta para que sus presas asimilaran que su ataque había sido inútil. Lentamente, apuntó con el cañón de su lanzallamas a la pareja. Uno de ellos, era sin duda, un magnífico trofeo político. El cazador lo miraba incrédulo. ¿Realmente era él? Ese flequillo, ahora despeinado... el bigote, ese ridículo y minúsculo bigote. Se fijó en los galones: la máxima autoridad del ejército de Alemania. Cuando dejó caer su arma al suelo, vio que la empuñadura de marfil tenía grabadas las iniciales: A.H. Sí, sin duda era él.
Pero la presa que el cazador buscaba desde hace años era el otro hombre. Inspiró lentamente para hablar con él...
-Hola, Edward. Por fin te encuentro...
La presa gimoteó y lloriqueó, refugiándose en una esquina. Imploró clemencia inutilmente.
-Después de tanto tiempo... te volviste esquivo, pero tu vileza era la misma: te uniste a los nazis, declarando la guerra a tu propia nación. Intentaste dominar el mundo como lo intentaste en el 29. Pero te he encontrado. Y ahora vas a pagar por lo que hiciste hace tanto tiempo. Vas a pagar por Ian, por Richard, por Nikolai, por Vincent... por todos a los que has matado.
La presa se acurrucó aún más esperando a que su pesadilla se acabara.
-Eres un maldito cobarde. Pero debo agradecerte este premio extra.- señaló al otro oficial.- Gracias por traerme ante él. Esto nos ahorrará un montón de trámites y juicios.
El hombre del bigote comprendió que su destino era inevitable y un semblante de terror se paralizó en su rostro.
El cazador cogió la pistola que había en el suelo.
-Me quedo esto como prueba. Y ahora señores, es hora de despedirse.
Apretó el gatillo e inundó la estancia de llamas, deleitándose con el sonido del fuego y los gritos enloquecidos.
Cuando el cazador llegó a el campamento base fue recibido por el oficial en jefe con un silencio tranquilo y bajo la mirada de los demás soldados americanos. De fondo se oían los disparos de una batalla a punto de terminar.
-¿Y bién? -preguntó con semblante grave el comandante.
-Bien. Todo ha ido bien.
-¿Ha disfrutado saciando su vendeta personal, Coupland?
El cazador se quitó su máscara y reveló una cara quemada con un cabello y pelo que crecían de manera irregular.
-No les he hecho perder el tiempo, Albertson. De paso les he traído un regalo.
El cazador lanzó el trofeo a su comandante que lo admiró asombrado: una pistola de oro, con empuñadura de marfil... pero lo que más le asombró eran las iniciales...
-Dios... mío... Coupland, es de... ¿Hitler?
-Digan que se suicidó para evitar que lo cogieran los rusos.
Y el cazador se marchó. Lejos del fragor de la batalla. Todo había terminado.
Arkham, 1935
Harvey entró en la renovada oficina de Page & Lawrence y encontró a su compañero hablando con otras dos personas que ya conocían. Eran dos detectives de la Agencia Blackwood. Oficialmente, eran el competidor más agresivo del momento en el mercado de los detectives privados: depredadores de negocios. Muchos se lo achacaban a sus moralmente criticables métodos. Harvey lo achacaban a que eran eficaces. "Jodidamente eficaces".
Esa era la cara pública de Blackwood. Extraoficialmente, Blackwood no tendría tanto poder si no fuera por la colaboración de cierto número de particulares que facilitaban información vital para los casos de la Agencia, bastante poco habituales. Gente como Robert Page y Harvey Lawrence. Oficialmente, esta gente estaba aquí para solicitar que se convirtieran en parte de Blackwood. La realidad era otra: estaban aquí para recabar información.
-¿Esta vez qué es, Mr Sinclair? -preguntó Harvey. Uno de los visitantes habló.
-Comunicación con los espíritus, es para un caso sobre invocaciones relacionado con una de las formas de Nyarlathotep. Al antiguo método de Paul Lemond. Necesitamos a un experto en temas de parapsicología y como Lemond ha muerto, había pensado...
-Habían pensado en ir a ver a Vincent. Ya les he dicho que es inútil, enloqueció hace años.-interrumpió Bob indignado.
-¡Es absurdo, señores! Lo único que harán será perturbar más a una mente ya inmersa en un profundo sufrimiento.
-Lo queremos intentar. -Sinclair no daría su brazo a torcer.
Bob y Harvey se miraron unos segundos...
-Bueno, quizás sea hora de hacer una visita a Vin.
Llegaron en el coche de los detectives de Blackwood hasta el Sanatorio de Arkham. Y aparcaron fácilmente cerca del edificio principal.
-Y recuerde, por favor. No le hable alto, no le grite. No pierda la paciencia aunque empiece a divagar o a temblar. Si lloriquea no le toque para intentar consolarlo o intentará morderle...
Bob interrumpió las instrucciones a Sinclair cuando vio a Chapman, en su silla de ruedas en el cruce de uno de los pasillos. Estaba abatido y parecía que había llorado largo rato. Se acercó a él...
-Simon, ¿qué haces aquí?- preguntó Bob mientras se agachaba a la altura de su amigo.
-Oh, Bob... ha sido terrible... yo... lo he encontrado así cuando... Dios mío...
-Bob levantó un momento la cabeza para contemplar un instante el trajín de enfermeros que iban y venían por el pasillo. Uno de los que corría decía "que no toquen nada...". Un terrible pensamiento cruzó la mente de Bob.
"Oh, no. No, no, no, mierda, NO".
Bob corrió todo lo que sus fuerzas le permitieron, empujando a enfermos y personal médico a lo largo de su frenética carrera. Un pequeño grupo de enfermeros y psiquiatras bloqueaban la puerta de la celda de Vincent, pero se apartaron a tiempo para evitar que el detective chocara contra ellos.
Bob se detuvo bruscamente, incrédulo ante lo que veía. Vincent estaba colgado del cuello por una soga que colgaba del techo. Su cuerpo mortecino se balanceaba siniestramente de un lado para otro, en una expresión de asfixia, sí, pero también de horror.
En los ojos de Bob se agolparon las lágrimas. Las piernas le fallaron y cayó al suelo. Entonces vió un papel garabateado por una caligrafía tensa y deforme. Era la de Vincent.
Esa era la cara pública de Blackwood. Extraoficialmente, Blackwood no tendría tanto poder si no fuera por la colaboración de cierto número de particulares que facilitaban información vital para los casos de la Agencia, bastante poco habituales. Gente como Robert Page y Harvey Lawrence. Oficialmente, esta gente estaba aquí para solicitar que se convirtieran en parte de Blackwood. La realidad era otra: estaban aquí para recabar información.
-¿Esta vez qué es, Mr Sinclair? -preguntó Harvey. Uno de los visitantes habló.
-Comunicación con los espíritus, es para un caso sobre invocaciones relacionado con una de las formas de Nyarlathotep. Al antiguo método de Paul Lemond. Necesitamos a un experto en temas de parapsicología y como Lemond ha muerto, había pensado...
-Habían pensado en ir a ver a Vincent. Ya les he dicho que es inútil, enloqueció hace años.-interrumpió Bob indignado.
-¡Es absurdo, señores! Lo único que harán será perturbar más a una mente ya inmersa en un profundo sufrimiento.
-Lo queremos intentar. -Sinclair no daría su brazo a torcer.
Bob y Harvey se miraron unos segundos...
-Bueno, quizás sea hora de hacer una visita a Vin.
Llegaron en el coche de los detectives de Blackwood hasta el Sanatorio de Arkham. Y aparcaron fácilmente cerca del edificio principal.
-Y recuerde, por favor. No le hable alto, no le grite. No pierda la paciencia aunque empiece a divagar o a temblar. Si lloriquea no le toque para intentar consolarlo o intentará morderle...
Bob interrumpió las instrucciones a Sinclair cuando vio a Chapman, en su silla de ruedas en el cruce de uno de los pasillos. Estaba abatido y parecía que había llorado largo rato. Se acercó a él...
-Simon, ¿qué haces aquí?- preguntó Bob mientras se agachaba a la altura de su amigo.
-Oh, Bob... ha sido terrible... yo... lo he encontrado así cuando... Dios mío...
-Bob levantó un momento la cabeza para contemplar un instante el trajín de enfermeros que iban y venían por el pasillo. Uno de los que corría decía "que no toquen nada...". Un terrible pensamiento cruzó la mente de Bob.
"Oh, no. No, no, no, mierda, NO".
Bob corrió todo lo que sus fuerzas le permitieron, empujando a enfermos y personal médico a lo largo de su frenética carrera. Un pequeño grupo de enfermeros y psiquiatras bloqueaban la puerta de la celda de Vincent, pero se apartaron a tiempo para evitar que el detective chocara contra ellos.
Bob se detuvo bruscamente, incrédulo ante lo que veía. Vincent estaba colgado del cuello por una soga que colgaba del techo. Su cuerpo mortecino se balanceaba siniestramente de un lado para otro, en una expresión de asfixia, sí, pero también de horror.
En los ojos de Bob se agolparon las lágrimas. Las piernas le fallaron y cayó al suelo. Entonces vió un papel garabateado por una caligrafía tensa y deforme. Era la de Vincent.
¿Esperanza?, ¿propósito? ¿tranquilidad? Nada de eso tiene para mí sentido en absoluto, ahora que he contemplado las sombras tétricas entre mundos... ahora que apenas he empezado a avistar lo que se oculta entre los rincones ocultos de la Tierra.
Mar Mediterráneo, septiembre de 1929
David despertó y lo primero que vio fue, una vez más, la luz eléctrica que tenía justo sobre la cabeza de su camastro. Las moscas jugueteaban enloquecidas, lanzando con la blanca brillantez que se dejaba entrever entre la suciedad. Esta vez, decidió sacaría fuerzas de flaqueza los pocos minutos de consciencia para intentar levantarse de la cama y explorar el lugar en el que estaba.
Se incorporó y miró alrededor. Se trataba de una enfermería. En la cama de al lado había otra persona. Enfocó la vista y determinó que se trataba de Lord Chapman, pero a su cuerpo, sin duda y afortunadamente con vida pero insconsciente, le pasaba algo extraño. David, a pesar del mareo no tardó en darse cuerta de que era sólo un pedazo del antiguo Chapman: a su amigo le faltaban las piernas.
Horrorizado, se tambaleó y se logró agarrar en el último momento a una cama libre. En ese momento entró la que debía ser la enfermera. Y después Harvey. Y Bob. No estaban Richard ni Vincent.
-Señor Coupland, por favor, soy Mary Sterns, su enfermera en el USS Alaska. Por favor, sus amigos están bien, debe permanecer en la cama...
-David, soy yo, Bob. Escucha, aún no te has recuperado, por favor, tienes que tumbarte...
-¿Dónde estoy?-logró titubear.
-Estamos bien, de camino a casa. Nos han recogido, vamos en un barco de la Marina. Albertson nos...
La negrura envolvió a David antes de escuchar el final de la frase.
Se incorporó y miró alrededor. Se trataba de una enfermería. En la cama de al lado había otra persona. Enfocó la vista y determinó que se trataba de Lord Chapman, pero a su cuerpo, sin duda y afortunadamente con vida pero insconsciente, le pasaba algo extraño. David, a pesar del mareo no tardó en darse cuerta de que era sólo un pedazo del antiguo Chapman: a su amigo le faltaban las piernas.
Horrorizado, se tambaleó y se logró agarrar en el último momento a una cama libre. En ese momento entró la que debía ser la enfermera. Y después Harvey. Y Bob. No estaban Richard ni Vincent.
-Señor Coupland, por favor, soy Mary Sterns, su enfermera en el USS Alaska. Por favor, sus amigos están bien, debe permanecer en la cama...
-David, soy yo, Bob. Escucha, aún no te has recuperado, por favor, tienes que tumbarte...
-¿Dónde estoy?-logró titubear.
-Estamos bien, de camino a casa. Nos han recogido, vamos en un barco de la Marina. Albertson nos...
La negrura envolvió a David antes de escuchar el final de la frase.
Llanuras de Gizeh
Bob dejó de disparar al coche en marcha cuando este se detuvo y su motor estalló en llamas. La puerta del conductor se abrió y Bob volvió a apretar el gatillo, pero el arma no detonó ningún proyectil. Se habían acabado las balas. Se acercó, decidido al vehículo, cojeando y sangrando, cambiando el cargador, mientras lo que quedaba de Edward Chandler reptaba por la arena intentando alejarse del vehículo siniestrado.
Sin embargo, un fuerte quejido frenó la necesidad homicida del detective. Giró la cabeza a su derecha. El avión que pilotaban Lord Chapman y Nikolai yacía ardiendo como una tea deforme en mitad de la arena del desierto. No había rastro de Nikolai, pero Simon se encontraba atrapado entre el avión y la arena. El depósito de combustible no tardaría en estallar.
Bob se deshizo de su Thompson y corrió como pudo hacia el avión. Simon estaba inmovilizado, las piernas atrapadas entre el amasijo de contrachapado. Con mucho esfuerzo, Bob consiguió levantar el avión haciendo palanca con su propio cuerpo lo justo para que su amigo consiguiera arrastrarse con las manos fuera de los restos del biplano.
Sus extremidades inferiores eran dos masas sanguinolentas de carne y huesos rotos. El insoportable dolor de las heridas se reflejaba en la palidez del rostro de Simon y los gritos agónicos. Bob soltó el biplano y arrastró a su amigo unos metros del avión cuando el aparato explotó y la onda expansiva dejó a ambos en el suelo.
Con mucho esfuerzo debido al aturdimiento, Bob despegó la cara de la arena. Miró a su amigo y vio que estaba inconsciente. Pensó en Nikolai: si no había muerto en el accidente, habría muerto en la explosión. Con Simon fuera de peligro, era el momento de terminar lo que había empezado. A duras penas se puso en pie. Sacó su .45 de la cartuchera y se dirigió al coche para rematar al hombre que había causado tanta muerte, tanta destrucción tanto sufrimiento...
...pero Chandler ya no estaba. A lo lejos, una sombra draconiana se alejaba por el horizonte, rumbo al naciente sol.
Sin embargo, un fuerte quejido frenó la necesidad homicida del detective. Giró la cabeza a su derecha. El avión que pilotaban Lord Chapman y Nikolai yacía ardiendo como una tea deforme en mitad de la arena del desierto. No había rastro de Nikolai, pero Simon se encontraba atrapado entre el avión y la arena. El depósito de combustible no tardaría en estallar.
Bob se deshizo de su Thompson y corrió como pudo hacia el avión. Simon estaba inmovilizado, las piernas atrapadas entre el amasijo de contrachapado. Con mucho esfuerzo, Bob consiguió levantar el avión haciendo palanca con su propio cuerpo lo justo para que su amigo consiguiera arrastrarse con las manos fuera de los restos del biplano.
Sus extremidades inferiores eran dos masas sanguinolentas de carne y huesos rotos. El insoportable dolor de las heridas se reflejaba en la palidez del rostro de Simon y los gritos agónicos. Bob soltó el biplano y arrastró a su amigo unos metros del avión cuando el aparato explotó y la onda expansiva dejó a ambos en el suelo.
Con mucho esfuerzo debido al aturdimiento, Bob despegó la cara de la arena. Miró a su amigo y vio que estaba inconsciente. Pensó en Nikolai: si no había muerto en el accidente, habría muerto en la explosión. Con Simon fuera de peligro, era el momento de terminar lo que había empezado. A duras penas se puso en pie. Sacó su .45 de la cartuchera y se dirigió al coche para rematar al hombre que había causado tanta muerte, tanta destrucción tanto sufrimiento...
...pero Chandler ya no estaba. A lo lejos, una sombra draconiana se alejaba por el horizonte, rumbo al naciente sol.
Vuelta a El Cairo
-Entonces, ¿cuándo llegarán Vincent, Harvey y Paul?- preguntó David, ajetreado, mientras el autobús traqueteaba hacia El Cairo
-Les mandé un telegrama cuando íbamos en el barco. Es de suponer que hicieron las maletas pronto, así que tienen que estar al caer si no andan ya por aquí...-respondió Bob.
-Esperemos que tengas razón. Vincent es el más capacitado para conjurar el hechizo para expulsar a la Bestia.
-Cuéntame una vez más: ¿qué deduciste de los papeles que recopilamos en San Francisco?
-Bastante, aunque nada tan preciso como me gustaría. Sabemos que el día de la Bestia se acerca y que la Hermandad se va a reunir pronto en las Llanuras de Gizeh.- la tensión abrumaba al otrora dibujante.
Nikolai interrumpió la conversación, su voz venía del asiento de atrás.
-Muy pronto. Mirad.
Cuando la duna murió, a través de la ventanilla pudieron ver a un enorme zepelín amarrándose a la torre de metal que vieron hace tanto tiempo, en su anterior fatídico viaje.
El tiempo se acababa.
-Les mandé un telegrama cuando íbamos en el barco. Es de suponer que hicieron las maletas pronto, así que tienen que estar al caer si no andan ya por aquí...-respondió Bob.
-Esperemos que tengas razón. Vincent es el más capacitado para conjurar el hechizo para expulsar a la Bestia.
-Cuéntame una vez más: ¿qué deduciste de los papeles que recopilamos en San Francisco?
-Bastante, aunque nada tan preciso como me gustaría. Sabemos que el día de la Bestia se acerca y que la Hermandad se va a reunir pronto en las Llanuras de Gizeh.- la tensión abrumaba al otrora dibujante.
Nikolai interrumpió la conversación, su voz venía del asiento de atrás.
-Muy pronto. Mirad.
Cuando la duna murió, a través de la ventanilla pudieron ver a un enorme zepelín amarrándose a la torre de metal que vieron hace tanto tiempo, en su anterior fatídico viaje.
El tiempo se acababa.
lunes, 29 de junio de 2009
ÚLTIMA PARTIDA
Atención todos: la última partida de la campaña de La Llamada de Cthulhu se jugará el próximo domingo 5 de julio.
¡AHÍ OS QUIERO VER A TODOS!
Y ya que estamos: ¿valoración de las dos últimas sesiones?
¡AHÍ OS QUIERO VER A TODOS!
Y ya que estamos: ¿valoración de las dos últimas sesiones?

viernes, 26 de junio de 2009
Recordatorio
Recuerdo a los presentes que el domingo 28 se jugará la partida de La llamada de Cthulhu cancelada el día 20.
sábado, 13 de junio de 2009
lunes, 8 de junio de 2009
Candelario de partidas
Fechas provisionales a partir de la partida del 13 de junio:
-19 junio.
-27 junio.
Y creo que para antonces, ya habremos acabado la campaña si todo va bien.
-19 junio.
-27 junio.
Y creo que para antonces, ya habremos acabado la campaña si todo va bien.
jueves, 28 de mayo de 2009
Fecha de retorno (por fin)
Bueno, amigos, la situación es la siguiente. Mis clases se acaban el día 10 de junio, con lo cual, la primera partida de vuelta podría ser el fin de semana del 12 al 14 sin ningún tipo de problema. Así que hago esta entrada para ir debatiendo la fecha.
¿OS VIENE BIEN EL FINDE DEL 12 AL 14? ¿ALGUNA OTRA PROPUESTA?
ACTUALIZACIÓN SÁBADO 6 DE JUNIO 22:56
La fecha propuesta es el 13 de junio, sábado; a las 18.30 más o menos. ¿Alguna deliberación?
¿OS VIENE BIEN EL FINDE DEL 12 AL 14? ¿ALGUNA OTRA PROPUESTA?
ACTUALIZACIÓN SÁBADO 6 DE JUNIO 22:56
La fecha propuesta es el 13 de junio, sábado; a las 18.30 más o menos. ¿Alguna deliberación?
miércoles, 20 de mayo de 2009
Puerto de Ciudad de Panamá
La zona portuaria de Ciudad de Panamá conformaba el típico paisaje de la mayoría de puertos del mundo, con alguna que otra pincelada más de pobreza y algunas miradas furtivas más de la cuenta. Cargueros con mercancías, yates de los adinerados que hacían negocios en este país y barcos de pesca de alta mar se alternaban de manera aparentemente desordenada en las dársenas. Pero dentro de aquel caos, sin duda imperdonable para un obsrevador extranjero, los panameños se habían apañado para desarrollar un trabajo ciertamente eficaz.
Nikolai contemplaba el barco que se acercaba a las apestosas aguas cubiertas a partes iguales de aceite lubricante y residuos navales. Un barco con clase, más bien orientado al recreo que a actividades más funcionales. Desde la proa saludaba un hombre que Nikolai había visto en contadas ocasiones durante las pasadas aventuras, pero cuyo apoyo era imprescindible. Se trataba de Lord Simon Weatherby Chapman.
A estas alturas, Nikolai pensaba que, para un cazador de una pequeña aldea de Rumanía, había visto ya más que todos sus habitantes de todas las épocas juntos. Y vería mucho más, pues la siguiente etapa del viaje implicaba subirse en ese yate y navegar hasta San Francisco, en la costa oeste de un país enorme que, en una ocasión, creyó que nunca visitaría. A su espalda oyó cómo se acercaban Bob, Richard, y David, dispuestos a ayudar con lo que hiciera falta para amarrar el barco.
Minutos después, el "Belerofonte" estaba amarrado firmemente y Lord Chapman, vestido tan elegante como era habitual en él, bajaba por la pasarela para saludar a sus amigos.
Estos le pusieron al día de lo acontecido desde el último telegrama. Ayer mismo enviaron a Vincent en un aeroplano a New York. Llegaría en pocas horas. No escatimaron en gasto sabiendo que Chapman pagaría gustoso el traslado y que el parapsicólogo necesitaba terapia.
Decidieron no perder el tiempo. A estas alturas, el barco de la New World Incorporated con Texanio ya estaría llegando a San Francisco, así que un par de horas después de atar cabos, embarcaron el equipaje que ya tenían preparado y salieron del puerto.
Próxima parada, San Francisco.
Nikolai contemplaba el barco que se acercaba a las apestosas aguas cubiertas a partes iguales de aceite lubricante y residuos navales. Un barco con clase, más bien orientado al recreo que a actividades más funcionales. Desde la proa saludaba un hombre que Nikolai había visto en contadas ocasiones durante las pasadas aventuras, pero cuyo apoyo era imprescindible. Se trataba de Lord Simon Weatherby Chapman.
A estas alturas, Nikolai pensaba que, para un cazador de una pequeña aldea de Rumanía, había visto ya más que todos sus habitantes de todas las épocas juntos. Y vería mucho más, pues la siguiente etapa del viaje implicaba subirse en ese yate y navegar hasta San Francisco, en la costa oeste de un país enorme que, en una ocasión, creyó que nunca visitaría. A su espalda oyó cómo se acercaban Bob, Richard, y David, dispuestos a ayudar con lo que hiciera falta para amarrar el barco.
Minutos después, el "Belerofonte" estaba amarrado firmemente y Lord Chapman, vestido tan elegante como era habitual en él, bajaba por la pasarela para saludar a sus amigos.
Estos le pusieron al día de lo acontecido desde el último telegrama. Ayer mismo enviaron a Vincent en un aeroplano a New York. Llegaría en pocas horas. No escatimaron en gasto sabiendo que Chapman pagaría gustoso el traslado y que el parapsicólogo necesitaba terapia.
Decidieron no perder el tiempo. A estas alturas, el barco de la New World Incorporated con Texanio ya estaría llegando a San Francisco, así que un par de horas después de atar cabos, embarcaron el equipaje que ya tenían preparado y salieron del puerto.
Próxima parada, San Francisco.
viernes, 8 de mayo de 2009
Ruta en barco hacia Panamá
-Dime, por favor, qué es de lo último que te acuerdas.
-Yo...
Robert aguardó pacientemente sentado en el taburete del camarote, escrutando la mirada de su amigo, pero este se quedó pensativo.
-De acuerdo, calma. Empecemos con preguntas sencillas. ¿Cómo te llamas?
-Vincent Dusany.
-¿Dónde naciste?
-En Salem.
-Bien, muy bien. Eso es correcto. Dime, Vincent: ¿a qué te dedicas?
Vincent se quedó un momento pensativo, angustiado, buscando respuestas en su mente, ahora transformada en un torbellino de sombras. Bob le interrumpió en el momento en que empezaba a derrumbarse otra vez.
-Quiero que mires una cosa, Vincent... mira este maletín. ¿Te suena?
-Sí. Creo que... creo que lo he usado alguna vez.
-Por supuesto, Vincent, es tuyo. Es aquí donde guardas todo lo que hemos encontrado hasta ahora.
-¿Encontrado? ¿A qué te...?
-¿Por qué no lo abres?
Vincent obedeció y abrió cautelosamente el cierre del maletín de cuero. Dentro encontró un montón de pergaminos, estuches con distintos frascos y aparatos extraños que no conocía.
-Mira bien estos objetos. Por ejemplo, este pergamino. ¿Te suenan estos símbolos?
Silencio.
-¿Y los instrumentos?-Bob le entregó un estuche que contenía una lupa y recipientes de varios tamaños.
-Bueno... no lo sé. No estoy seguro.
Bob se paró a pensar el siguiente movimientos mientras empezaba a hacer un esbozo mental del daño sufrido por la psique de su amigo.
-Muy bien, Vincent, mira esto -Bob cogió el antiguo cuaderno de bocetos de David, que desde hace tiempo, había pasado a habitar perpetuamente el maletín- échale un ojo a estos dibujos...
El parapsicólogo observó atentamente los dibujos, intentanto buscar algún fragmento que le ayudara a recomponer su identidad. Abrió poco a poco los ojos y se levantó de la cama, donde estaba sentado.
-¡Sí! ¡SÍ! ¡Me son familiares! ¡Creo que conozco al que los ha hecho!-su cara de repente estaba exultante de vida.
Bob sonrió de oreja a oreja como no lo había hecho en mucho tiempo, pero mantuvo la calma para no alterar a su improvisado paciente. Se levantó lentamente, susurrando "aguarda un momento". Salió del camarote, dejando a su amigo solo.
Casi al momento, volvió a entrar con otra persona con la que, según le había dicho Bob, estaban viajando.
-Bien, Vincent. ¿Te acuerdas de él? Te lo he presentado hace un buen rato. Mírale bien la cara.
Vincent, una vez más obedeció.
-¿Y bien?
-...yo... lo siento.
Las esperanzas de Bob volvieron a romperse. Pidió a la persona con la que acababa de entrar que abandonara el camarote, y el detective volvió a ocupar su taburete para seguir haciendo de improvisado psicólogo.
-Vincent. Escúchame. Intenta hacer memoria y responder mi pregunta. ¿Crees que el hombre que ha entrado podría ser el autor de esos dibujos?
Un segundo de silencio, seguido de una respuesta rotunda.
-No
-¿No?
-No
-¿Cómo recuerdas...?
-No sé muy bien describírtelo... pero tenía una personalidad... era un carácter... era una explosión de vida, era alguien alegre.
Bob escuchaba atentamente.
-Ese hombre... está muerto por dentro. No puede ser él.
Estas últimas palabras rompieron totalmente el ánimo del improvisado psicólogo. "De acuerdo, Vincent", dijo. "Ya basta por hoy, vete a descansar". Y abandonó el camarote, porque él también necesitaba descanso.
En el pasillo, esperando, estaban David y Nikolai.
-¿Y bien? ¿Has sacado algo?
-¿Cómo que si has sacado algo? ¡David, no es una naranja para exprimir! ¡Apenas acaba de salir de un estado catatónico!
-Lo sé, lo sé, quería decir que si...
-No. Tiene amnesia. No es una amnesia total, pero por lo poco que he visto, puede que abarque varios meses. No lo sé, mis conocimientos en psicología son limitados.
-¿Por qué crees que no me reconoce?
Bob se quedó mirándo un momento sus ojos, escarabajos negros sin brillo.
-A veces yo tampoco te reconozco, David.
Nikolai detectó rápidamente el tenso ambiente y cambió rápido de tema.
-Yo he hablado con Richard... está... bueno, no muy bien.
-¿Sigue con miedo a la oscuridad? -preguntó David.
Nikolai meditó un momento la respuesta.
-No tiene miedo de la oscuridad, ni siquiera de la noche. Tiene miedo de la Luna.
-Yo...
Robert aguardó pacientemente sentado en el taburete del camarote, escrutando la mirada de su amigo, pero este se quedó pensativo.
-De acuerdo, calma. Empecemos con preguntas sencillas. ¿Cómo te llamas?
-Vincent Dusany.
-¿Dónde naciste?
-En Salem.
-Bien, muy bien. Eso es correcto. Dime, Vincent: ¿a qué te dedicas?
Vincent se quedó un momento pensativo, angustiado, buscando respuestas en su mente, ahora transformada en un torbellino de sombras. Bob le interrumpió en el momento en que empezaba a derrumbarse otra vez.
-Quiero que mires una cosa, Vincent... mira este maletín. ¿Te suena?
-Sí. Creo que... creo que lo he usado alguna vez.
-Por supuesto, Vincent, es tuyo. Es aquí donde guardas todo lo que hemos encontrado hasta ahora.
-¿Encontrado? ¿A qué te...?
-¿Por qué no lo abres?
Vincent obedeció y abrió cautelosamente el cierre del maletín de cuero. Dentro encontró un montón de pergaminos, estuches con distintos frascos y aparatos extraños que no conocía.
-Mira bien estos objetos. Por ejemplo, este pergamino. ¿Te suenan estos símbolos?
Silencio.
-¿Y los instrumentos?-Bob le entregó un estuche que contenía una lupa y recipientes de varios tamaños.
-Bueno... no lo sé. No estoy seguro.
Bob se paró a pensar el siguiente movimientos mientras empezaba a hacer un esbozo mental del daño sufrido por la psique de su amigo.
-Muy bien, Vincent, mira esto -Bob cogió el antiguo cuaderno de bocetos de David, que desde hace tiempo, había pasado a habitar perpetuamente el maletín- échale un ojo a estos dibujos...
El parapsicólogo observó atentamente los dibujos, intentanto buscar algún fragmento que le ayudara a recomponer su identidad. Abrió poco a poco los ojos y se levantó de la cama, donde estaba sentado.
-¡Sí! ¡SÍ! ¡Me son familiares! ¡Creo que conozco al que los ha hecho!-su cara de repente estaba exultante de vida.
Bob sonrió de oreja a oreja como no lo había hecho en mucho tiempo, pero mantuvo la calma para no alterar a su improvisado paciente. Se levantó lentamente, susurrando "aguarda un momento". Salió del camarote, dejando a su amigo solo.
Casi al momento, volvió a entrar con otra persona con la que, según le había dicho Bob, estaban viajando.
-Bien, Vincent. ¿Te acuerdas de él? Te lo he presentado hace un buen rato. Mírale bien la cara.
Vincent, una vez más obedeció.
-¿Y bien?
-...yo... lo siento.
Las esperanzas de Bob volvieron a romperse. Pidió a la persona con la que acababa de entrar que abandonara el camarote, y el detective volvió a ocupar su taburete para seguir haciendo de improvisado psicólogo.
-Vincent. Escúchame. Intenta hacer memoria y responder mi pregunta. ¿Crees que el hombre que ha entrado podría ser el autor de esos dibujos?
Un segundo de silencio, seguido de una respuesta rotunda.
-No
-¿No?
-No
-¿Cómo recuerdas...?
-No sé muy bien describírtelo... pero tenía una personalidad... era un carácter... era una explosión de vida, era alguien alegre.
Bob escuchaba atentamente.
-Ese hombre... está muerto por dentro. No puede ser él.
Estas últimas palabras rompieron totalmente el ánimo del improvisado psicólogo. "De acuerdo, Vincent", dijo. "Ya basta por hoy, vete a descansar". Y abandonó el camarote, porque él también necesitaba descanso.
En el pasillo, esperando, estaban David y Nikolai.
-¿Y bien? ¿Has sacado algo?
-¿Cómo que si has sacado algo? ¡David, no es una naranja para exprimir! ¡Apenas acaba de salir de un estado catatónico!
-Lo sé, lo sé, quería decir que si...
-No. Tiene amnesia. No es una amnesia total, pero por lo poco que he visto, puede que abarque varios meses. No lo sé, mis conocimientos en psicología son limitados.
-¿Por qué crees que no me reconoce?
Bob se quedó mirándo un momento sus ojos, escarabajos negros sin brillo.
-A veces yo tampoco te reconozco, David.
Nikolai detectó rápidamente el tenso ambiente y cambió rápido de tema.
-Yo he hablado con Richard... está... bueno, no muy bien.
-¿Sigue con miedo a la oscuridad? -preguntó David.
Nikolai meditó un momento la respuesta.
-No tiene miedo de la oscuridad, ni siquiera de la noche. Tiene miedo de la Luna.
A EFECTOS DE JUEGO:
-Debido a un caso severo de amnesia por estrés post-traumático, el personaje Vincent Dusany no se podrá volver a usar en la siguiente sesión, y se deberán hacer tiradas para ver si la amnesia se prolonga (y, por consiguiente, seguiría sin ser usable), o si en algún momento podrá volver a la acción.
-Richard McFarland acaba de pillar un caso severo de SELENOFOBIA, miedo a la luna.
Enhorabuena, chicos.
¿Y AHORA QUÉ HACEMOS?
-En el caso de Pisa, Richard puede volver a utilizarse sin problemas, (salvo por tu nuevo "equipamiento mental").
-En el caso de José, tendrá que elegir a un personaje nuevo para esta sesión. A continuación, tus posibles elecciones.
Y AQUÍ, NUESTRO FLAMANTE BANQUILLO:
-Harvey Lawrence, detective: ya ha aparecido en más de una ocasión en alguno de los capítulos, como personaje controlado por la IA (es decir, yo). Tiene unas características muy similares a Bob Page, su compañero.
-Lord Simon Weatherby Chapman: ¡el personaje de Alejandro y vuestro cheque en blanco! No está tan versado en Ciencias Ocultas como Vincent, pero puede ser útil y sustituir temporalmente a Vincent.
-Un personaje estrella misterioso, desbloqueable ganando con dos perfects y un ultracombo... o cuando yo quiera. Quién sabe, a lo mejor te gusta...
... lo del personaje oculto no es broma.
Eso es todo de momento, amigos.
martes, 28 de abril de 2009
Huancucho, Perú
-¿Atravesaron la pared? ¿Estás seguro?
-Sí, Victor, yo les llevé hasta allí mismo. Uno de ellos, tu familiar, la tocó primero y la roca lo absorbió, y luego a los demás. Me pidió que no te lo contará, pero si no lo hago, reviento.
-Sancho, cálmate. Lo que dices no tiene sentido.
El bajito indígena pegó un sorbo a lo que estaba bebiendo. No tenía muy claro qué era, pero le daba igual, tenía alcohol y eso bastaba.
-Tenías que haber visto su cara cuando salieron otra vez de la roca...
-Así que luego salieron de la roca, ¿eh?-Victor puso los ojos en blanco.
-¡No me tomes por loco, lo que te digo es verdad! -Sancho estaba exasperado y hecho un manojo de nervios.
-¿Cuántas hojas de coca masticaste en tu ascenso por la montaña?
-¡Maldita sea, Victor! -Sancho golpeó la mesa con fuerza.
Victor, ante su reacción, quedó un momento pensativo mirándo a sus desesperados ojos.
-Muy bien, entonces dime, Sancho. ¿A dónde crees que fueron cuando atravesaron la roca? -preguntó de manera inquisitiva.
-No lo sé... quizás al interior de la roca, o al corazón de la montaña, quizás viajaron a otro mundo...
-Sí, claro, Sancho, ¡o a la Luna!
-¡Te estoy contando lo que vi!
-Ya basta, Sancho. -sentenció Victor, tajante.
Le quitó el vaso a su cuñado y subió a su despacho, donde se recostó en la silla y comenzó a fumar tranquilamente, mirando al techo. Lo cierto es que el relato de Sancho le había aturdido bastante. Finalmente, dejó de contemplar las figuras que el humo formaba en el cargado aire y salió del despacho.
Dirigió sus pasos hacia las habitaciones de invitados, suponiendo que David y sus acompañantes estarían ahí. Su mujer le dijo durante el desayuno que habían llegado por la noche, con bastante mal aspecto, así que Victor decidió no molestarles y dejarles dormir a pierna suelta. Ya hablarían al día siguiente.
Pero lo que contaba Sancho era demasiado extraño como para permitirles más tiempo de sueño. Se puso frente a la habitación de David y golpeó un par de veces. Nadie respondió. Intentó girar el pomo y, sorprendentemente, este cedió y la puerta se abrió.
La habitación estaba desierta y no había rastro de los enseres de su inquilino. Lo único que había a parte de los muebles eran las llaves de la habitación y una hoja de papel puestas sobre la cama.
Era una nota de despedida firmada por David.
-Sí, Victor, yo les llevé hasta allí mismo. Uno de ellos, tu familiar, la tocó primero y la roca lo absorbió, y luego a los demás. Me pidió que no te lo contará, pero si no lo hago, reviento.
-Sancho, cálmate. Lo que dices no tiene sentido.
El bajito indígena pegó un sorbo a lo que estaba bebiendo. No tenía muy claro qué era, pero le daba igual, tenía alcohol y eso bastaba.
-Tenías que haber visto su cara cuando salieron otra vez de la roca...
-Así que luego salieron de la roca, ¿eh?-Victor puso los ojos en blanco.
-¡No me tomes por loco, lo que te digo es verdad! -Sancho estaba exasperado y hecho un manojo de nervios.
-¿Cuántas hojas de coca masticaste en tu ascenso por la montaña?
-¡Maldita sea, Victor! -Sancho golpeó la mesa con fuerza.
Victor, ante su reacción, quedó un momento pensativo mirándo a sus desesperados ojos.
-Muy bien, entonces dime, Sancho. ¿A dónde crees que fueron cuando atravesaron la roca? -preguntó de manera inquisitiva.
-No lo sé... quizás al interior de la roca, o al corazón de la montaña, quizás viajaron a otro mundo...
-Sí, claro, Sancho, ¡o a la Luna!
-¡Te estoy contando lo que vi!
-Ya basta, Sancho. -sentenció Victor, tajante.
Le quitó el vaso a su cuñado y subió a su despacho, donde se recostó en la silla y comenzó a fumar tranquilamente, mirando al techo. Lo cierto es que el relato de Sancho le había aturdido bastante. Finalmente, dejó de contemplar las figuras que el humo formaba en el cargado aire y salió del despacho.
Dirigió sus pasos hacia las habitaciones de invitados, suponiendo que David y sus acompañantes estarían ahí. Su mujer le dijo durante el desayuno que habían llegado por la noche, con bastante mal aspecto, así que Victor decidió no molestarles y dejarles dormir a pierna suelta. Ya hablarían al día siguiente.
Pero lo que contaba Sancho era demasiado extraño como para permitirles más tiempo de sueño. Se puso frente a la habitación de David y golpeó un par de veces. Nadie respondió. Intentó girar el pomo y, sorprendentemente, este cedió y la puerta se abrió.
La habitación estaba desierta y no había rastro de los enseres de su inquilino. Lo único que había a parte de los muebles eran las llaves de la habitación y una hoja de papel puestas sobre la cama.
Era una nota de despedida firmada por David.
lunes, 27 de abril de 2009
Parón técnico
Ahora tengo todo el lío de la universidad y de un trabajo puntual que he conseguido. Por lo tanto, lamento comunicar que no se celebrarán más sesiones de La llamada de Cthulhu hasta junio.
Aprovechad este mes para descansar del estrés postraumático producido por las terribles experiencias vividas y despejaros un poco. Ahora tendremos más o menos un mes para continuar nuestra partida de ESDLA o D&D
Durante este tiempo de descanso, os iré relatando de manera habitual los entreactos como he hecho hasta ahora. ¡Así que seguid este blog para estar al día y estar preparados para enfrentaros a locuras innombrables que no podréis ni imaginar!

¡Ia Ia! ¡Cthulhu Fhtagn!
Aprovechad este mes para descansar del estrés postraumático producido por las terribles experiencias vividas y despejaros un poco. Ahora tendremos más o menos un mes para continuar nuestra partida de ESDLA o D&D
Durante este tiempo de descanso, os iré relatando de manera habitual los entreactos como he hecho hasta ahora. ¡Así que seguid este blog para estar al día y estar preparados para enfrentaros a locuras innombrables que no podréis ni imaginar!

¡Ia Ia! ¡Cthulhu Fhtagn!
domingo, 26 de abril de 2009
Análisis de la quinta sesión
Muy buena, a mi parecer. Cambié el estilo a algo más conversacional y menos basado en tiradas y parece que ha ido mucho mejor (más rápido, más entretenido), con lo cual, utilizaré este método siempre que pueda.
-Adrián: autoerigido cabecilla del grupo, lideras junto a Bob al grupo de investigadores. Bien hecho, has sabido reflejar el cambio de tu personaje. 200 percent more MANLY!
-Pisa: muy bien, aunque hayas terminado un poco tarumba. Quizás se ha notado menos tu presencia... pero es que Ian Hollis era mucho Hollis. De ti depende que Richard McFarland alcance un nivel legenadio similar. En todo caso, una muy buena actuación.
-Boto: he llevado tu personaje bastante bien. De hecho, ha sido el menos damnificado. Y he sabido utilizarlo (me doy besos por ello).
-José: bien, a pesar de terminar catatónico perdido. Tengo que hacer unas tiradas porque lo tuyo puede ser grave... ya te mantendré informado. Una actuación bastante buena.
-Lito: bien, bien, BIEEN. ESO es llevar un personaje. Has actuado con cautela y has sido bastante útil. Felicidades, my friend.
-Master: me pongo una medalla. Sólo hay una cosa que se me ha escapado... cuando habéis entrado en el portal...
...¿y Sancho?
En fin, supongamos que se ha quedado fuera acojonado. Yo también lo haría si un puñado de tíos atravesaran una roca como si fueran Harry Potter y sus amigos yendo a coger el tren que va a Hogwarts.
Nota global: un 9.
¿A vosotros qué hos ha parecido?
-Adrián: autoerigido cabecilla del grupo, lideras junto a Bob al grupo de investigadores. Bien hecho, has sabido reflejar el cambio de tu personaje. 200 percent more MANLY!
-Pisa: muy bien, aunque hayas terminado un poco tarumba. Quizás se ha notado menos tu presencia... pero es que Ian Hollis era mucho Hollis. De ti depende que Richard McFarland alcance un nivel legenadio similar. En todo caso, una muy buena actuación.
-Boto: he llevado tu personaje bastante bien. De hecho, ha sido el menos damnificado. Y he sabido utilizarlo (me doy besos por ello).
-José: bien, a pesar de terminar catatónico perdido. Tengo que hacer unas tiradas porque lo tuyo puede ser grave... ya te mantendré informado. Una actuación bastante buena.
-Lito: bien, bien, BIEEN. ESO es llevar un personaje. Has actuado con cautela y has sido bastante útil. Felicidades, my friend.
-Master: me pongo una medalla. Sólo hay una cosa que se me ha escapado... cuando habéis entrado en el portal...
...¿y Sancho?
En fin, supongamos que se ha quedado fuera acojonado. Yo también lo haría si un puñado de tíos atravesaran una roca como si fueran Harry Potter y sus amigos yendo a coger el tren que va a Hogwarts.
Nota global: un 9.
¿A vosotros qué hos ha parecido?
viernes, 24 de abril de 2009
sábado, 18 de abril de 2009
La quinta sesión será la semana que viene
Afortunadamente, nos han puesto las fechas de entrega de las distintas mierdas de la universidad en mayo, con lo cual no habrá problema en hacer una sesión la semana que viene.
Así que ya sabéis: Cthulhu, la siguiente semana. Lo pongo el viernes a la hora de siempre y que me diga alguien quién tiene su hogar disponible, ¿ok?
Vamos, que nos vamos.
PD: La partida de ESDLA kicked ass.
Así que ya sabéis: Cthulhu, la siguiente semana. Lo pongo el viernes a la hora de siempre y que me diga alguien quién tiene su hogar disponible, ¿ok?
Vamos, que nos vamos.
PD: La partida de ESDLA kicked ass.
viernes, 17 de abril de 2009
Afueras de Arkham, Massachusetts
-Entonces, ¿creéis que la Hermandad quiere levantar a una "Bestia" y por eso fueron a Egipto? Suena a locura.
-Lo sé. Es una locura, pero una locura real.
Si Robert McFarland no hubiera visto todo lo que vio en su última expedición a Egipto, pensaría que Vincent estaba loco. Pero que unos monstruos voladores ataquen a tus braceros e intenten despedazarte es un buen revulsivo para poner en duda lo que es real y lo que no es real. Giró el volante y el coche en el que iban los dos tomó una calle que llevaba a una carretera, que a su vez desembocaba en las afueras de Arkham.
-Y dices que los bichos voladores esos que nos atacaron cerca de la tumba...
-Biakhees.
-Biakhees... eso.
Robert decidió prestar atención al tráfico para evitar posibles accidente y, de paso, no hablar del tema. Conocía a Vincent y a los demás desde hacía meses, pero aún no se había acostumbrado a la naturalidad con la que hablaban sobre este tipo de temas, propios de una historia de Poe. Bueno, todos menos el detective Robert Page, que procuraba no hablar del tema. Y David, al que casi no veía. Poco después, el Ford modelo T llegaba a su destino.
Una detonación. Otra. Otra. Otra más.
En un campo de tiro a las afueras de Arkham, David Coupland contemplaba los cuatro agujeros en el cartón de forma antropomorfa. Dejó su arma sobre una mesita que tenía al lado. Se dio la vuelta y vio cómo Vincent y Robert, el estudiante que conocieron en la fatídica visita a Egipto, se acercaban a él. Les saludó haciendo un gesto con la cabeza y puso de nuevo su atención en la pistola automática. Comenzó a desmontarla para limpiarla. Primero sacó el cargador vacío. Luego desmontó la corredera y contempló los restos de pólvora. Aún estaba caliente, pero se podía coger.
-Sabía que te encontraría aquí, David. ¿A cuantos cartones has matado ya?
-A unos cuantos. ¿Qué haces aquí, Vincent? -respondió con voz apagada.
Robert decidió pasar por alto los malos modales de David al ignorarle.
-Bob y Harvey han recibido una grabación de Irene Lemond.
-No me interesa.-dijo David impasible.
El joven artista, si es que aún podía llamársele así, había cambiado mucho en los últimos meses. Ahora sólo tenía un interés, una obsesión: Edward Chandler. Acabar con Edward Chandler. Y con el barón Hauptman. Y con quien se interpusiera en su camino. Lo haría acabando con todos los obstáculos. Lo haría saltándose todas las leyes necesarias. Pero lo haría o moriría en el intento.
Contínuamente fantaseaba con el asesinato del presidente de la New World Incorporated en público. En la mayoría de sus planes él mismo acababa muerto, abatido por los agentes de la ley, o condenado a muerte por lo que había hecho. No le importaba. Simplemente buscaba la ocasión idónea para asegurarse de que se llevaba a Chandler y a Hauptman al infierno con él.
-¿No te interesa? -repitió Vincent incrédulo.- No te interesa. ¿Y qué te interesa, David? ¿Seguir disparando tu frustración contra cartones de papel, esperando a que llegue un día adecuado para que Chandler y Hauptman se pongan a tiro y puedas matarlos a los dos antes de que sus seguidores te despedacen? ¿Eso te interesa? -el parapsicólogo estaba exasperado.
David no respondió. Robert decidió alejarse y contemplar el paisaje mientras lo que parecía que iba a ser una discusión acalorada de desarrollaba a expensas de él, afortunadamente.
-Déjame preguntarte una cosa, David. ¿Cuándo fue la última vez que dibujaste algo, un retrato, un paisaje, cualquier cosa? ¿Has intentado siquiera rehacer tu vida, por el amor de Dios? Es mucho mejor elaborar locos planes de asesinato, ¿no? ¿En cuántas de tus planes acabas muerto?
Le contestó un silencio irritante. David se dio la vuelta y puso de nuevo su atención en el arma.
-Mírate. Te estás convirtiendo en un matón. Ni siquiera eso, te estás convirtiendo en un animal. Has sacrificado todo lo que eras por algo mucho peor y oscuro. David, eras un artista. ¿Qué eres ahora? Eres un asesino en potencia. Te pasas todo el día aquí, en las tiendas de armas, en el gimnasio, metiéndote en peleas. Tú, buscando pelea, porque crees que puedes aprender algo de las palizas que recibes. Y si no, gastando tus ahorros en aprender artes marciales. Luchar, luchar, luchar. ¿Y ser humano no entra en tus planes?
David estaba terminando de desmontar la pistola. Se quitó el reloj de pulsera y lo puso en la mesa, dispuesto a cronometrar el tiempo que tardaba en montarla.
Su amigo le puso la mano en el hombro mientras gritaba "¡Mírame cuando te hablo!". Un instante después, Vincent había dado una vuelta en el aire y caído al suelo, golpeándose las lumbares. La caída alertó a Robert, que dejó su "paseo" para acudir en su ayuda.
-¿Qué demonios pasa aquí? -no hubo respuesta por parte de David que volvía a poner su atención en la pistola, ni de Vincent, a quien Robert ayudaba a ponerse en pie. Una vez comprobó que el erudito podía mantenerse en pie, se dirigió a David. -¿Cuál es tu problema, amigo? -intentó agarrarle con su enorme mano, pero David fue más rápido y cogió su muñeca a mitad de la trayectoria.
Ambos se quedaron congelados, mirándose a los ojos. Los de Robert estaban en llamas, cargados de ira destructora. Los de David eran dos perlas negras que habían perdido su brillo. Su mirada era atenta y astuta, pero la profunda indiferencia que expelía apenas dejaba entrever sutílmente la adrenalina que le hacía reaccionar tan rápido. La voz de Vincent alivió la tensión.
-Déjalo Robert. Déjale en paz... -dijo sin apenas aliento.
McFarland se liberó con desdén de la presa de su momentáneo oponente, sin dejar de mirar fijamente aquellos ojos que absorbían y amortiguaban toda su ira hasta que finalmente, con un desinterés insultante, David le dio la espalda y puso una vez más su atención en la automática del calibre 45 que yacía desperdigada sobre la mesa.
Vincent se conformó con hablarle al cogote de David.
-Mira, David... tú no pudiste hacer nada. Nada. Ninguno de nosotros pudo. No fue tu culpa, debes asumirlo de una vez. ¿Crees que a Ian le gustaría ver quién eres ahora? Lo que estás haciendo no es la solución. Ni siquiera se aproxima a la solución. Lo que estás haciendo es destrozar tu vida y condenarte a ti mismo.
Aunque quería hacerles creer que les ignoraba, David escuchaba atentamente.
-Pero hay otra solución. Es posible que la grabación que nos ha mandado la señora Lemond nos ayude a encontrar otra pista que nos lleve a la Hermandad. Puedes hacerlo de esta manera, o puedes seguir haciendo lo que haces si estás tan convencido de que eso te va a llevar a alguna parte. Si colaboras, hay una posibilidad de que todos, todos nosotros juntos, acabemos con Chandler, con Hauptman y con la Hermandad. Si decides dejar de ser un lobo solitario y acudir a tus amigos para resolver esto, estaremos en mi residencia. Pero no tardes mucho en decidirte, Harvey y Bob ya van hacia allá. Adios, David.
Vincent y Robert abandonaron el campo de tiro, se subieron en el coche y tomaron la dirección por la que habían venido, de vuelta a casa.
David terminó de montar la pistola. Tiempo record, otra vez. La contempló unos segundos y comenzó a desmontarla. Al agarrar la corredera comenzaron a temblarle las manos y tuvo que dejar el arma sobre la mesa. Miró sus manos un momento mientras las lágrimas se agolpaban en sus ojos.
Desesperado, se cubrió la cara y empezó a llorar con fuerza, desconsoladamente, intentando en vano expulsar toda la tristeza y la amargura que guardaba en su corazón.
-Lo sé. Es una locura, pero una locura real.
Si Robert McFarland no hubiera visto todo lo que vio en su última expedición a Egipto, pensaría que Vincent estaba loco. Pero que unos monstruos voladores ataquen a tus braceros e intenten despedazarte es un buen revulsivo para poner en duda lo que es real y lo que no es real. Giró el volante y el coche en el que iban los dos tomó una calle que llevaba a una carretera, que a su vez desembocaba en las afueras de Arkham.
-Y dices que los bichos voladores esos que nos atacaron cerca de la tumba...
-Biakhees.
-Biakhees... eso.
Robert decidió prestar atención al tráfico para evitar posibles accidente y, de paso, no hablar del tema. Conocía a Vincent y a los demás desde hacía meses, pero aún no se había acostumbrado a la naturalidad con la que hablaban sobre este tipo de temas, propios de una historia de Poe. Bueno, todos menos el detective Robert Page, que procuraba no hablar del tema. Y David, al que casi no veía. Poco después, el Ford modelo T llegaba a su destino.
Una detonación. Otra. Otra. Otra más.
En un campo de tiro a las afueras de Arkham, David Coupland contemplaba los cuatro agujeros en el cartón de forma antropomorfa. Dejó su arma sobre una mesita que tenía al lado. Se dio la vuelta y vio cómo Vincent y Robert, el estudiante que conocieron en la fatídica visita a Egipto, se acercaban a él. Les saludó haciendo un gesto con la cabeza y puso de nuevo su atención en la pistola automática. Comenzó a desmontarla para limpiarla. Primero sacó el cargador vacío. Luego desmontó la corredera y contempló los restos de pólvora. Aún estaba caliente, pero se podía coger.
-Sabía que te encontraría aquí, David. ¿A cuantos cartones has matado ya?
-A unos cuantos. ¿Qué haces aquí, Vincent? -respondió con voz apagada.
Robert decidió pasar por alto los malos modales de David al ignorarle.
-Bob y Harvey han recibido una grabación de Irene Lemond.
-No me interesa.-dijo David impasible.
El joven artista, si es que aún podía llamársele así, había cambiado mucho en los últimos meses. Ahora sólo tenía un interés, una obsesión: Edward Chandler. Acabar con Edward Chandler. Y con el barón Hauptman. Y con quien se interpusiera en su camino. Lo haría acabando con todos los obstáculos. Lo haría saltándose todas las leyes necesarias. Pero lo haría o moriría en el intento.
Contínuamente fantaseaba con el asesinato del presidente de la New World Incorporated en público. En la mayoría de sus planes él mismo acababa muerto, abatido por los agentes de la ley, o condenado a muerte por lo que había hecho. No le importaba. Simplemente buscaba la ocasión idónea para asegurarse de que se llevaba a Chandler y a Hauptman al infierno con él.
-¿No te interesa? -repitió Vincent incrédulo.- No te interesa. ¿Y qué te interesa, David? ¿Seguir disparando tu frustración contra cartones de papel, esperando a que llegue un día adecuado para que Chandler y Hauptman se pongan a tiro y puedas matarlos a los dos antes de que sus seguidores te despedacen? ¿Eso te interesa? -el parapsicólogo estaba exasperado.
David no respondió. Robert decidió alejarse y contemplar el paisaje mientras lo que parecía que iba a ser una discusión acalorada de desarrollaba a expensas de él, afortunadamente.
-Déjame preguntarte una cosa, David. ¿Cuándo fue la última vez que dibujaste algo, un retrato, un paisaje, cualquier cosa? ¿Has intentado siquiera rehacer tu vida, por el amor de Dios? Es mucho mejor elaborar locos planes de asesinato, ¿no? ¿En cuántas de tus planes acabas muerto?
Le contestó un silencio irritante. David se dio la vuelta y puso de nuevo su atención en el arma.
-Mírate. Te estás convirtiendo en un matón. Ni siquiera eso, te estás convirtiendo en un animal. Has sacrificado todo lo que eras por algo mucho peor y oscuro. David, eras un artista. ¿Qué eres ahora? Eres un asesino en potencia. Te pasas todo el día aquí, en las tiendas de armas, en el gimnasio, metiéndote en peleas. Tú, buscando pelea, porque crees que puedes aprender algo de las palizas que recibes. Y si no, gastando tus ahorros en aprender artes marciales. Luchar, luchar, luchar. ¿Y ser humano no entra en tus planes?
David estaba terminando de desmontar la pistola. Se quitó el reloj de pulsera y lo puso en la mesa, dispuesto a cronometrar el tiempo que tardaba en montarla.
Su amigo le puso la mano en el hombro mientras gritaba "¡Mírame cuando te hablo!". Un instante después, Vincent había dado una vuelta en el aire y caído al suelo, golpeándose las lumbares. La caída alertó a Robert, que dejó su "paseo" para acudir en su ayuda.
-¿Qué demonios pasa aquí? -no hubo respuesta por parte de David que volvía a poner su atención en la pistola, ni de Vincent, a quien Robert ayudaba a ponerse en pie. Una vez comprobó que el erudito podía mantenerse en pie, se dirigió a David. -¿Cuál es tu problema, amigo? -intentó agarrarle con su enorme mano, pero David fue más rápido y cogió su muñeca a mitad de la trayectoria.
Ambos se quedaron congelados, mirándose a los ojos. Los de Robert estaban en llamas, cargados de ira destructora. Los de David eran dos perlas negras que habían perdido su brillo. Su mirada era atenta y astuta, pero la profunda indiferencia que expelía apenas dejaba entrever sutílmente la adrenalina que le hacía reaccionar tan rápido. La voz de Vincent alivió la tensión.
-Déjalo Robert. Déjale en paz... -dijo sin apenas aliento.
McFarland se liberó con desdén de la presa de su momentáneo oponente, sin dejar de mirar fijamente aquellos ojos que absorbían y amortiguaban toda su ira hasta que finalmente, con un desinterés insultante, David le dio la espalda y puso una vez más su atención en la automática del calibre 45 que yacía desperdigada sobre la mesa.
Vincent se conformó con hablarle al cogote de David.
-Mira, David... tú no pudiste hacer nada. Nada. Ninguno de nosotros pudo. No fue tu culpa, debes asumirlo de una vez. ¿Crees que a Ian le gustaría ver quién eres ahora? Lo que estás haciendo no es la solución. Ni siquiera se aproxima a la solución. Lo que estás haciendo es destrozar tu vida y condenarte a ti mismo.
Aunque quería hacerles creer que les ignoraba, David escuchaba atentamente.
-Pero hay otra solución. Es posible que la grabación que nos ha mandado la señora Lemond nos ayude a encontrar otra pista que nos lleve a la Hermandad. Puedes hacerlo de esta manera, o puedes seguir haciendo lo que haces si estás tan convencido de que eso te va a llevar a alguna parte. Si colaboras, hay una posibilidad de que todos, todos nosotros juntos, acabemos con Chandler, con Hauptman y con la Hermandad. Si decides dejar de ser un lobo solitario y acudir a tus amigos para resolver esto, estaremos en mi residencia. Pero no tardes mucho en decidirte, Harvey y Bob ya van hacia allá. Adios, David.
Vincent y Robert abandonaron el campo de tiro, se subieron en el coche y tomaron la dirección por la que habían venido, de vuelta a casa.
David terminó de montar la pistola. Tiempo record, otra vez. La contempló unos segundos y comenzó a desmontarla. Al agarrar la corredera comenzaron a temblarle las manos y tuvo que dejar el arma sobre la mesa. Miró sus manos un momento mientras las lágrimas se agolpaban en sus ojos.
Desesperado, se cubrió la cara y empezó a llorar con fuerza, desconsoladamente, intentando en vano expulsar toda la tristeza y la amargura que guardaba en su corazón.
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