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domingo, 5 de julio de 2009

Mar Mediterráneo, septiembre de 1929

David despertó y lo primero que vio fue, una vez más, la luz eléctrica que tenía justo sobre la cabeza de su camastro. Las moscas jugueteaban enloquecidas, lanzando con la blanca brillantez que se dejaba entrever entre la suciedad. Esta vez, decidió sacaría fuerzas de flaqueza los pocos minutos de consciencia para intentar levantarse de la cama y explorar el lugar en el que estaba.

Se incorporó y miró alrededor. Se trataba de una enfermería. En la cama de al lado había otra persona. Enfocó la vista y determinó que se trataba de Lord Chapman, pero a su cuerpo, sin duda y afortunadamente con vida pero insconsciente, le pasaba algo extraño. David, a pesar del mareo no tardó en darse cuerta de que era sólo un pedazo del antiguo Chapman: a su amigo le faltaban las piernas.

Horrorizado, se tambaleó y se logró agarrar en el último momento a una cama libre. En ese momento entró la que debía ser la enfermera. Y después Harvey. Y Bob. No estaban Richard ni Vincent.

-Señor Coupland, por favor, soy Mary Sterns, su enfermera en el USS Alaska. Por favor, sus amigos están bien, debe permanecer en la cama...

-David, soy yo, Bob. Escucha, aún no te has recuperado, por favor, tienes que tumbarte...

-¿Dónde estoy?-logró titubear.

-Estamos bien, de camino a casa. Nos han recogido, vamos en un barco de la Marina. Albertson nos...

La negrura envolvió a David antes de escuchar el final de la frase.

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